Cómo afecta el formato del Mundial 2026 a las selecciones grandes

Cómo afecta el formato del Mundial 2026 a las selecciones grandes

El fútbol tiene una máxima que los aficionados conocen bien: en un torneo corto, cualquier cosa puede pasar. El Mundial 2026 lleva esa máxima a su extremo más radical con el salto de 32 a 48 selecciones y de 64 a 104 partidos. Pero ¿realmente este nuevo formato perjudica a las grandes potencias o, por el contrario, les da más red de seguridad? La respuesta, como casi siempre en el análisis deportivo, es más matizada de lo que parece a primera vista y tiene implicaciones directas en los mercados de apuestas.

Los cambios clave del nuevo formato mundialista

El formato del Mundial 2026 supone la mayor transformación estructural del torneo desde 1998, cuando se amplió de 24 a 32 equipos. Los cambios son profundos y afectan a todos los niveles de la competición.

El torneo pasa de 8 grupos de 4 equipos a 12 grupos de 4 equipos. El número de grupos adicionales se traduce en más partidos de fase de grupos: 72 encuentros en lugar de 48. Sin embargo, cada selección sigue disputando solo 3 partidos en esta fase, lo que significa que el tiempo de exposición al torneo para el grupo en sí es similar al de ediciones anteriores.

El cambio más disruptivo es la introducción de una nueva ronda: los dieciseisavos de final. Avanzan a esta fase el primero y el segundo de cada grupo (24 equipos) más los 8 mejores terceros clasificados, sumando un total de 32 selecciones. Esta ronda de 32 no existía en el formato moderno del Mundial desde 1986, lo que significa que toda una generación de jugadores y analistas tendrá que adaptarse a su dinámica.

Aspecto Qatar 2022 2026
Equipos participantes 32 48
Grupos 8 de 4 12 de 4
Partidos totales 64 104
Partidos por equipo (mínimo) 3 3
Partidos por equipo (si gana) 7 8
Ronda nueva No Dieciseisavos

Para el campeón, el camino pasa ahora por 8 victorias en lugar de 7. Una diferencia aparentemente pequeña que, en la acumulación de desgaste físico y mental a lo largo de 39 días de competición, puede ser determinante en las fases finales.

 

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Beneficios reales para las grandes selecciones

Contra la intuición de muchos aficionados, el nuevo formato es, en líneas generales, beneficioso para las grandes potencias. La razón es matemática: con 48 equipos, la concentración de rivales de alto nivel en cada grupo es menor. Si antes 32 equipos se dividían en 8 grupos, ahora 48 lo hacen en 12. El número de «plazas de honor» en cada grupo es estadísticamente mayor, lo que significa que las grandes selecciones tienen más probabilidades de compartir fase de grupos con equipos del segundo o tercer nivel mundial.

Brasil, Francia, Argentina o España deberían tener grupos más manejables, con al menos uno de sus tres rivales siendo una selección de menor entidad. Esto reduce la probabilidad de la eliminación en fase de grupos por acumulación de rivales difíciles -el escenario que temen todas las grandes potencias.

Además, el hecho de que los 8 mejores terceros clasifiquen para la siguiente ronda funciona como un seguro adicional. Una selección grande que tuvo un grupo complicado, terminó tercera pero con buenos números, tiene garantizado seguir en el torneo. En Qatar 2022, una selección como Portugal (campeona de Europa en 2016) podría haberse quedado fuera por un mal día. Con el nuevo formato, ese riesgo se mitiga.

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Los riesgos que no hay que subestimar

El nuevo formato no es un escudo blindado para las grandes potencias. Hay riesgos reales que el análisis honesto obliga a reconocer. El primero es el efecto fatiga acumulada: el campeón necesita jugar un partido más que en Qatar 2022, lo que en las fases finales -cuando los equipos ya llevan semanas de competición- puede traducirse en más lesiones y más desgaste muscular.

El segundo riesgo es la gestión de la motivación en partidos de fase de grupos potencialmente menos exigentes. Un equipo grande que gana sus dos primeros partidos por amplio margen puede bajar la intensidad en el tercero, arriesgando una lesión importante o cogiendo malos hábitos defensivos que luego pagará en la eliminatoria. Sudáfrica 2010 demostró que incluso los grandes campeones -Francia o Italia, eliminados en grupos- pueden colapsar cuando el nivel de competición desciende.

El tercer riesgo, quizás el más traicionero, es el efecto sorpresa ampliado. Con 16 nuevas selecciones en el torneo, hay más equipos que los candidatos no habrán estudiado en profundidad. Qatar 2022 lo ilustró con la victoria de Arabia Saudí sobre Argentina (2-1) o la victoria de Japón sobre Alemania y España. Con más equipos desconocidos en el tablero, la probabilidad de upsets en fase de grupos aumenta estadísticamente.

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Qué dice la historia sobre las expansiones de formato

El precedente histórico más relevante para entender el impacto del cambio de formato es la ampliación de 24 a 32 equipos en Francia 1998. En aquella edición, los resultados de las grandes potencias no se vieron perjudicados: Brasil llegó a la final, Francia ganó el torneo, Argentina y Alemania llegaron a cuartos. El nivel en las fases decisivas no bajó a pesar de la expansión.

Lo que sí ocurrió en 1998 fue un aumento de los partidos de la fase de grupos con grandes diferencias de goles. Nigeria ganó a Bulgaria 3-0, Dinamarca aplastó a Arabia Saudí 8-0, Japón perdió ante Croacia 1-0. Los desequilibrios entre equipos de primer y segundo nivel se hicieron más evidentes. Esta tendencia debería reproducirse en 2026, con 16 equipos adicionales que en muchos casos representarán el nivel más bajo que ha visto un Mundial moderno.

La transición de 16 a 24 equipos en 1982 también ofrece una lección: Italia ganó el torneo en España siendo considerada en riesgo por el nuevo formato más exigente. La capacidad de adaptación de las grandes potencias supera casi siempre las especulaciones previas al torneo. El análisis histórico respalda la idea de que el nuevo formato de 2026 no cambiará el orden de poder establecido, sino que simplemente añade una ronda más de trabajo para los favoritos.

El impacto del formato en las apuestas del Mundial 2026

Para el apostante, el cambio de formato del Mundial 2026 tiene consecuencias prácticas concretas. La primera afecta al mercado del ganador del torneo: con más partidos y más rondas, la ventaja acumulada de las grandes potencias debería ser mayor. Los favoritos —Brasil, Francia, Argentina, España— tienen más oportunidades de demostrar su superioridad a lo largo del torneo, lo que refuerza la lógica de apostar a los grandes desde el inicio.

Sin embargo, el mercado de mejor resultado por confederación se vuelve más interesante. Con más cupos para África (6 plazas) y Asia (8), y con la nueva ronda de dieciseisavos facilitando que más equipos lleguen a octavos, hay oportunidades de valor en mercados como «¿llegará alguna selección africana a cuartos?» o «¿repetirá Marruecos las semifinales?»

El mercado de primera selección eliminada también cambia. Con grupos de 4 y el colchón de los mejores terceros, las eliminaciones en fase de grupos serán menos frecuentes entre las grandes potencias. Apostar por la eliminación temprana de un favorito histórico tiene menos probabilidad estadística que en ediciones anteriores.

Para las apuestas de partido en la nueva ronda de dieciseisavos, el dato clave es que los partidos de este tipo (eliminación directa con equipos que vienen de fases de grupos sin derrota) suelen ser cerrados y con tendencia al 1-0 o al 1-1 en los primeros 90 minutos. El mercado de menos de 2,5 goles puede ofrecer valor en esta ronda específica.

En definitiva, el nuevo formato del Mundial 2026 es una oportunidad para los favoritos del torneo, no una amenaza. Las grandes selecciones llegan con más redes de seguridad que nunca, pero el número extra de partidos añade variables de desgaste que hacen el torneo más impredecible en sus etapas finales.